| Vaticano – Mons. Pierre Tafunga Mbayo arzobispo de Lubumbashi |
| Vaticano – Un salesiano entre los miembros de la Asamblea Especial del Medio Oriente |
Según el tipo de falta cometido, la persona responsable está llamada a confesar con total sinceridad el mal cometido. Esta confesión, generalmente, se hace delante del jefe, garante del orden social, o delante de un curandero. En algunos casos, la confesión de hace delante de la comunidad. El incriminado está llamado a manifestar su firme resolución de reparar necesariamente el daño causado.
Está obligado a la reparación el individuo que ha cometido el acto o, en su defecto, la familia. La reparación se hace pagando los gastos prescritos, los daños y perjuicios. Según las culturas, estos daños y perjuicios consisten en ofrecer un animal vivo o un producto de caza.
La personas afectadas pueden entonces acordar el perdón a aquéllos que los han ofendido. La reparación cierra el proceso en el momento en que la persona es perdonada y la reparación efectuada. El punto culminante de la reparación es el rito de reconciliación. Por temor al castigo (muerte súbita, brutal, inesperada, etc...) que vendría directamente de Dios o de un hechicero, el transgresor debe llevar a cabo el rito de reconciliación para mejorar su conducta y obtener el perdón. Este rito se desarrolla en un entorno sagrado, delante de la comunidad y del oficiante (mistagogo) que preside la ceremonia.Las fórmulas de la confesión, las actitudes del penitente, los maltratos corporales, los materiales y objetos utilizados y su simbolismo, así como los gestos y fórmulas pronunciados por el oficiante para purificar al penitente, cambian según las tribus.
La confesión va siempre seguida de consejos y admoniciones severas para ayudar a la conversión definitiva. Se acompaña de ritos entre los cuales debemos señalar, concretamente: la ceremonia ritual de la bendición y del gran perdón; la comida festiva y comunitaria, símbolo de la alegría por haber recobrado la buena situación anterior a la falta y por haber reconciliado a los miembros de una comunidad; el pago de los honorarios al oficiante; el rito de aplacamiento de los fetiches vengadores o de los espíritus si ha habido una maldición por parte del ofensor.
Publicado el 16/10/09